martes, 4 de marzo de 2014

UN MÉXICO LIBRE DE INTOLERANCIA RELIGIOSA

Por Armando Maya Castro

Los rostros de la intolerancia religiosa en Jalisco y Chiapas

Uno de los problemas que más lastiman a los mexicanos son las constantes violaciones a la libertad de creencias religiosas. Estos casos se verifican todos los días y en todas partes, aunque son más frecuentes en las comunidades indígenas que se rigen bajo el sistema de usos y costumbres, donde se incumplen las leyes y se desconoce el derecho de las personas a cambiar de religión o de creencia.

Desde hace tiempo, los principales focos rojos por intolerancia religiosa permanecen encendidos en varios municipios de Chiapas, Hidalgo, Puebla y Oaxaca. El estado de Jalisco, caracterizado por su conservadurismo, ha sido también escenario de este tipo de conflictos. Los casos han sido varios, pero me referiré concretamente a uno que fue noticia a nivel nacional.

En agosto de 2005, ochenta huicholes apostólicos, bautistas y adventistas de la comunidad de Agua Fría, municipio de Mezquitic, fueron amenazados y desplazados por ejercer su derecho a cambiar de religión. La violencia de los católicos los obligó a huir de su comunidad y buscar refugio en un templo apostólico de la ciudad de Tepic, Nayarit, donde recibieron el apoyo de Oscar Herrera López, en ese tiempo presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Nayarit (CDHN).

Cuando explicó la situación de los desplazados, el ombudsman nayarita declaró que el gobierno jalisciense "se ha destacado por ser insensible a estos problemas". Al abundar sobre la incapacidad del gobierno que encabezaba Francisco Ramírez Acuña, Herrera López dijo: “Nosotros desde julio tratamos de evitar que el asunto llegara a mayores, ya que a quienes profesan una religión diferente a la católica les habían puesto un ultimátum para abandonar sus tierras. Por eso buscamos que tuvieran condiciones que el gobierno de Jalisco no les ha dado, y esto hay que decirlo”. (La Jornada, 26 de agosto de 2005).

Este evento de intolerancia religiosa obligó la intervención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), quien emitió su recomendación 07/2008 al gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, señalando que no se atendieron las solicitudes de auxilio de varios indígenas del municipio de Mezquitic, expulsados de sus comunidades por cambiar de religión. En dicha recomendación, la CNDH exhortó al gobernador jalisciense aplicar, en coordinación con el gobierno federal, acciones inmediatas para solucionar el conflicto religioso, además de establecer mesas de diálogo entre los grupos confrontados, para garantizar la libertad religiosa (http://www.cndh.org.mx/sites/all/fuentes/documentos/Recomendaciones/2008/REC_2008_007.pdf).

Afortunadamente, después de este lamentable caso no he vuelto a saber que en Jalisco se hayan presentado problemas de intolerancia religiosa de la misma magnitud. Han surgido casos menos graves de intolerancia, lo que obliga al gobierno y a la sociedad jalisciense a redoblar esfuerzos para evitar la multiplicación de este tipo de sucesos.

Respecto al mismo tema, veamos lo que sucede actualmente en la tierra de Benito Juárez, donde la Defensoría de los Derechos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO) acaba de emitir la primera recomendación de 2014, dirigida a las autoridades del municipio de San Juan Ozolotepec y a la Secretaría General de Gobierno (Segego), por incurrir en violaciones a los derechos humanos de libertad de conciencia y religión. En su recomendación, la DDHPO (organismo autónomo y ciudadanizado) exige la reparación del daño perpetrado por la presidencia municipal de San Juan Ozolotepec, que el 19 de abril de 2011 clausuró por falta de permiso la construcción de un templo propiedad de la Congregación Evangélica de la Iglesia Cristiana Independiente Pentecostés A.R. “A ello se sumó la clausura del predio y la obra, con tubos de concreto, cadenas y candados el 17 de marzo de 2013, efectuada por el edil, lo que causó que se impidiera la salida de dos camionetas” (Quadratín, 26 de febrero de 2014).

La recomendación a la Segego se emitió debido a que “los inconformes sostuvieron que aún cuando acudieron a esa institución a plantear diversas cuestiones relacionadas con la intolerancia religiosa de que han sido objeto, ha sido omisa en la atención al problema, por lo que persiste tal situación” (Quadratín, 26 de febrero de 2014).

Estos casos de hostilidad religiosa, así como los que siguen sin solución en varias partes de México me llevan a preguntarme: ¿Hasta cuándo entenderemos los mexicanos que la convivencia armónica es posible a pesar de las diferencias? Desde luego que no sólo debe preocuparnos lo que pasa en México, sino también el alarmante renacimiento del antisemitismo en Europa y en otras regiones del mundo. También deben preocuparnos los prejuicios contra los musulmanes y el concepto equivocado de que Islam y terrorismo son exactamente lo mismo.

Si nos interesa construir un México libre de discriminación e intolerancia religiosa, comencemos por respetar las convicciones religiosas de los demás. El respeto es importante, pero aportaremos mucho más si nos comprometemos a fomentarlo por bien de México y del mundo.  

Twitter: @armayacastro 

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