jueves, 24 de enero de 2013

DELITOS ECLESIALES E IMPUNIDAD



 Por Armando Maya Castro

El cura Nicolás Aguilar Rivera, acusado de haber violado a decenas de niños en México y Estados Unidos, es un claro ejemplo de la impunidad que impera en nuestro país cuando se trata de castigar los delitos que han sido cometidos por clérigos de la Iglesia católica

En los casos de intolerancia religiosa, como los ocurridos recientemente en los estados de Hidalgo, Puebla y Oaxaca, se debe privilegiar, por encima de todo, la aplicación de la ley. No hacerlo es fomentar la impunidad y favorecer una espiral de violencia en agravio de los grupos evangélicos que, de acuerdo con nuestras leyes, tienen el derecho a existir y a no ser discriminados por sus convicciones religiosas. 

Los mexicanos seguimos sin entender por qué las autoridades competentes, cuando se trata de delitos en los que se halla involucrada la Iglesia católica, no aplican la ley del mismo modo que cuando se atienden infracciones cometidas por personas que no pertenecen al estado religioso. 

¿Por qué quedan archivados en las agencias del Ministerio Público los casos de intolerancia y discriminación religiosa? ¿Por qué las autoridades, en lugar de actuar en consecuencia, privilegiando la aplicación de la ley, proponen como solución del conflicto la vía del diálogo y la conciliación? 

El sábado 2 de enero de 2010, un conocido diario capitalino publicó un balance realizado por la organización Voz de los Mártires, quien documentó –en aquel tiempo– más de 40 casos de intolerancia religiosa en Chiapas, Hidalgo, Oaxaca, Nayarit y Guerrero. La referida ONG declaró entonces que pese a las denuncias que se han puesto en contra de quienes cometen delitos graves, como la privación ilegal de la libertad y amenazas de muerte, no se han sancionado, con apego a la ley, a los autores de estos atropellos, haciendo evidente el desinterés de las autoridades para resolver los problemas en los que hay desde agresiones físicas hasta expulsiones, sobre todo en zonas indígenas. 

Esta impunidad se da también cuando se producen casos de pederastia clerical, y es entonces cuando surge la pregunta: ¿por qué no se sanciona a los clérigos pederastas como se castiga al pederasta común y corriente?

¿Por qué no está tras las rejas el presbítero Nicolás Aguilar Rivera, acusado de violar a más de 60 niños en la Sierra Norte de Puebla? Este depredador sexual, como ha sostenido la periodista Sanjuana Martínez, “lleva más de 30 años de carrera delictiva, violando niños, protegido por el cardenal Norberto Rivera y las autoridades judiciales de México”.  

Otro caso de inaceptable impunidad es el del extinto Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo, quien fue acusado, entre otros delitos, de violar sexualmente a ocho ex miembros de la Legión de Cristo. Este vergonzoso caso nos lleva a preguntarnos: ¿por qué las autoridades civiles mantuvieron a Maciel al margen de toda pesquisa judicial? ¿Por qué terminó sus días tranquilamente en Cotija, Michoacán, y no en alguna cárcel del país?

El problema dentro de la Iglesia católica es que la pederastia clerical fue apreciada, durante mucho tiempo, como un pecado, en vez de que las autoridades eclesiásticas estimaran esta abominable práctica como lo que en realidad es: un delito que merece ser castigado con todo el rigor de la ley. Esta distorsionada apreciación llevó a la mayoría de las diócesis católicas a proteger a los clérigos pederastas y a comprar el silencio de las víctimas inocentes. 

Este ha sido el modus operandi de la Iglesia católica en México y en Estados Unidos, donde diócesis como la de Boston y Los Angeles, C.A, vieron afectadas seriamente sus finanzas, pues en el afán de comprar el silencio de las víctimas y de sus familiares, desembolsaron sumas estratosféricas que pusieron a estas diócesis al borde de la quiebra. 

La crisis de pederastia clerical en la Unión Americana aún no llega a su fin. En los últimos días están saliendo a la luz documentos que datan de la década de los años 80 del pasado siglo, los cuales prueban que el ex cardenal Roger Mahony y su asistente para asuntos de pederastia, Thomas Curry, ocultaron a las autoridades casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes católicos. 

Lo delicado de estos casos es que muchos de estos delincuentes, debido a la impunidad imperante, no se hallan tras las rejas, sino disfrutando de su libertad en barrios y vecindarios donde siguen siendo una seria amenaza para los menores de edad. 


@armayacastro



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